Javier Azpeitia, un tipo muy interesante

Escrito por Manolo Cidoncha el .

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El pasado 10 de marzo estuvo con nosotros Javier Azpeitia. Vino en el marco del Aula Guadiana y, por eso, tuvo un primer encuentro con alumnos de Bachillerato de nuestro centro, del IES Cuatro Caminos y del Colegio Claret, luego comió con el club de lectura de este centro y, por último, tuvo un encuentro al atardecer en la Casa de Cultura con todos los lectores interesados.

Fue un largo e intenso día: lo que él nos contó sobre su última novela, El impresor de Venecia, fue interesantísimo. Descubrimos no sólo su faceta de novelista, sino también la de editor, su primer trabajo en este mundo de la literatura, y la de Humanista, ya que, como dijo el clásico: "Soy hombre y nada de lo humano me es ajeno" (Homo sum, nihil humanum alienum puto). Azpeitia es un pozo enorme de sabiduría. Nos sumergió en el mundo del Renacimiento: el momento en el que los sabios que venían de la Bizancio destruida por los turcos trajeron a Italia toda la herencia cultural clásica de griegos y latinos.

Pero también ese es el momento de la invención de la imprenta que revolucionó la cultura de su época y, al mismo tiempo, se convirtió en un negocio. Y nos hizo caer en la cuenta de los enormes puntos de encuentro de esa época con la actualidad: internet revolucionando el mundo cultural, pero también siendo un campo de batalla donde las diferentes empresas y los creadores luchan por quedarse con su parte del pastel.

Y todavía nos habló de otro elemento que enlaza estos dos momentos históricos: las tipografías que utilizamos en nuestros modernos procesadores de texto, como la Garamond, se crearon en la Italia del Renacimiento para imprimir los libros.

Dos horas nos mantuvo atentos a sus palabras y a las respuestas que dio a la multitud de preguntas con las que los alumnos le bombardearon. Después, tras firmar todos los ejemplares del cuadernillo de lectura que le presentaron, se vino a comer con el Club de Lectura del centro, el Donoso Lector.

Y ahí descubrimos su faceta de conversador cercano y seductor. Volvió a hablar de la novela y de sus protagonistas, pero esta vez desde un punto de vista más humano, atendiendo a su vida cotidiana, a sus sentimientos... Se fue pronto, a eso de las cinco. ¿Porque estaba cansado? En absoluto: quería visitar el teatro romano de Medellín antes de marcharse. Hombre de cultura hasta el final. 

En resumen, un placer que, evidentemente, se nos hizo corto y nos supo a poco. Gracias Javier.

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